Lo prohibido (novela completa) - 19

Total number of words is 4820
Total number of unique words is 1772
32.0 of words are in the 2000 most common words
46.2 of words are in the 5000 most common words
53.1 of words are in the 8000 most common words
Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
íbamos todos los días allá. El ejercicio de la esgrima debía de ser muy
saludable combinado con los baños. Augusto nos acompañaba casi siempre
para presenciar nuestros asaltos. Su salvaje hermanito, en quien
era necesidad orgánica poner en variadas flexiones y contracciones
los poderosos músculos, hacía, antes ó después de tirar al florete,
ejercicios gimnásticos de los más rudimentarios. Se subía por una
cuerda, se colgaba de una barra, andaba largo rato en cuclillas.
Contemplábale yo con la admiración que inspira todo bruto incansable.
Quizás mi odio me hacía tenerle por más bruto de lo que era en realidad.
Pero sí: era un gañán, sin género alguno de duda. Si no lo probaran
otras cosas, lo probaría su maldita maña de divertirse con los
juegos de fuerza ó de manos, que, según dice el refrán, son juegos de
villanos. Sí: villanía es dar puñetazos sin venir á cuento, agarrarle
á uno la mano y apretársela hasta hacerle dar un grito, cogerle á uno
descuidado por la cintura y suspenderle en el aire, con otras gansadas
sin maldita la gracia. Tales juegos me cargaban. Yo le decía: «estate
quieto, no me busques.» (La confianza en que vivíamos nos había
llevado á tutearnos sin saber cómo.) Le tenía ganas: habría gozado
mucho dándole un buen porrazo, ya que el matarle no estaba en mis
sentimientos ni en las costumbres suaves de la época. A ratos eché yo
de menos las edades románticas en que se destripaba á cualquier rival
por un quítame allá esas pajas.
Un día concluímos nuestro asalto, yo rendido de fatiga, él tan campante
como si nada hubiera hecho. De repente empezó con las gracias villanas
que antes mencioné.
--Constantino, que te estés quieto.
Yo estaba nervioso, de muy mal humor, y con ganas de darle una zurra.
--Que no me busques, Constantino; que no quiero bromas...
Pero él dale que dale, tan pesadote que no se le podía aguantar. De
improviso, viéndome sobado y golpeado estúpidamente, nació en mí un
ardiente apetito de brutalidad; cegué, perdí el tino, no supe lo que
me pasaba, y echándole ambas manos á su pescuezo robusto, caímos,
rodamos... Él tenía más fuerza muscular que yo; pero el odio, según
creo, centuplicó las mías. La verdad es que le tuve un instante
acogotado, y gocé ferozmente en la extinción de su aliento. Recordando
después aquella escena, heme avergonzado y espantado de que los hombres
más pacíficos se conviertan tan fácilmente en fieras.
--Es demasiado --dijo Augusto, que empezaba á alarmarse--. Para juego
basta.
Mi fuerza, puramente nerviosa, por lo mismo que fué tan grande, duró
poco. El manchego se repuso, y desasiéndose, ganó pronto ventaja. No
tardé en estar debajo. Cogióme las manos, sujetándome los brazos con
el peso de su cuerpo; dejóme sin movimiento ni respiración, hecho un
lío, una momia. ¡Cómo ostentaba su poder ante mi debilidad! Así me tuvo
un rato, dueño de mí, mirándome y escarneciéndome como si yo fuera un
muñeco con apariencias de hombre.
--Muévete ahora --me decía, apretando más las argollas de hierro de sus
dedos.
Y tras esto soltó una carcajada de jayán vencedor, estúpida, mas no
rencorosa. Cuando aflojó, yo apenas respiraba. No tenía fuerzas ni
para despegarme del cuerpo la camisa. Él continuaba riendo, de un modo
franco y leal, que por esta misma cualidad me era más odioso.
--Bromas pesadas --repitió Augusto.
--Eres un bruto, Constantino...
Nos serenamos al fin. Él se reía, y yo disimulaba mi encono, figurando
tener también ganas de reirme. Todo había sido chanza, juego, gimnasia
de capricho... Declaro que le guardé rencor, y para mí decía con gozosa
esperanza: «En el mar nos veremos, gandul.»
Sí: en la mar era yo más fuerte, mucho más, porque nadaba muy bien, y
Constantino apenas se mantenía sobre el agua. Siempre nos bañábamos
juntos; era yo su maestro: enseñábale á mover los brazos; jugábamos
y saltábamos, cabalgando en las olas. Cuando Camila estaba en el
baño, hacía yo más, ¡oh! entonces hacía verdaderas proezas. Orgulloso
de aquella habilidad que aprendí en la niñez, alumno de la marítima
Inglaterra, esperaba á que mi borriquita estuviese presente para irme
muy afuera, muy afuera, hasta que ya no podía más. Decíanme todos, al
volver, que perdieron de vista mi sombrero de palma, lo que me llenaba
de satisfacción. Todas las personas reunidas en la playa estaban con
gran ansiedad y corrían murmullos de alarma. A mi triunfal regreso,
dando brazadas á las olas y abofeteando la espuma, era recibido con
vítores y plácemes. Yo me ponía muy hueco si Camila estaba presente;
si no, no. No veía más que á ella, saliendo de su caseta ya vestida,
colorada, fresca; y me decía con amable reprensión:
--¡Qué susto nos has dado! Creí que no volvías más. A ver si te dejas
de gracias.
Pues un día, el que sucedió á la escena de la sala de armas, nos
bañábamos, como siempre, todos á la vez. Entrambos Miquis hacían sus
pinitos sobre las olas. Constantino se me montó encima, hundiéndome un
rato en el mar. Salí furioso. Había llegado mi ocasión. Cegué otra vez,
y agarrándole por el cogote me sumergí con él, diciendo entre dientes:
--Traga agua, perro; trágala.
Un instante nos balanceamos en el agua; dimos contra la arena. Sentí
la sacudida hercúlea de mi víctima, que procuraba echarme la zarpa en
los apuros de la asfixia. Cuando salí á la superficie, pensé por un
momento que Constantino se había ahogado, y sentí terror. Camila,
que estaba lejos, empezó á chillar. Pero su marido salió de repente,
atontado, pataleteando, escupiendo agua, vomitándola... Su aparición
fué acogida con carcajadas por los circunstantes. Yo me reí también, y
braceando agujereé una ola. Creí que no me seguiría; pero impávido me
siguió, haciendo gestos de ira cómica, la única ira que en él cabía. Y
me acometió, saltóme á los hombros, y sus poderosas manos me hundieron
á su vez. Dentro del agua, oí una voz que llegaba á mis oídos con esa
vibración penetrante con que el mar transmite los sonidos. Camila
gritaba:
--Constantino, ahógale.
Estas palabras, rasgando la masa verde y movible del mar, parecían el
ras del diamante al cortar el vidrio... Y en verdad que al oirlas tuve
miedo, y creí que en efecto me ahogaba. Por suerte, ambos volvimos
pronto á la superficie, y nos acogieron las mismas carcajadas de antes.
Tuve que reportarme y disimular. Augusto decía:
--Juegos pesados y de mal género, que pueden ser peligrosos.
Camila reía también; pero yo no podía apartar de mi mente aquel
_ahógale_, que me parecía dicho con toda el alma: se me quedó dentro de
los oídos como cuando nos entra agua en ellos, y no la podemos extraer,
ni atenuar la gran molestia que produce. Salí del baño aturdido y con
despecho, que no excluía la vergüenza de haber sido tonto y brutal.
Después, al abandonar la caseta, donde permanecí largo rato procurando
serenarme, ví á los dos esposos correteando por la playa y recogiendo
conchas como dos inocentes. Nunca había estado mi prima tan hermosa.
Los baños de mar habían puesto el sello á su robustez gallarda.
Hablando de su apetito, lo pintaba con las hipérboles más graciosas.
«Se desayunaría con un cabrito si no fuera de mal tono... Sentía que
las chuletas no tuvieran izquierda y derecha para comérselas dos
veces... Por punto no devoraba una langosta entera.» Su asnito no le
iba en zaga en esto. Ambos tenían coloración tostada y encendida, por
efecto del sol, del agua de mar y de aquel apetito de la Edad de Oro.
Ambos revelaban el apogeo de la salud y del vigor físico, así como el
grado culminante de la alegría, que es consecuencia de aquel feliz
estado. El indiferente que les veía y les escuchaba no podía menos
de alabar á Dios ante una pareja tan bien dispuesta para los goces y
los trabajos humanos, ante aquel admirable tronco que arrastraba sin
esfuerzo alguno, relinchando de gusto, el carro de la vida.

III
¿Por qué Camila no era mía? Vamos á ver, ¿por qué? Antojábaseme que
habría sido el más feliz de los mortales teniéndola por esposa. No me
contentaba con robarla al hogar y al tálamo de otro hombre; quería
ganármela legítimamente y tomar posesión de ella ante el mundo y ante
Dios. Sí: tal era la mujer que me convenía; Camila, sí, y no otra,
pues cuando uno se liga á una mujer para toda la vida, es preciso que
ésta lleve en su temperamento aquellos raudales de dicha, aquel reir
inefable y aquella santa salud. ¡Qué fatalidad, llegar siempre tarde!
La interposición del marmolillo de Miquis me parecía una mala pasada
de mi destino. ¡Dios me quería mal, me estaba trasteando y _quedándose
conmigo_! ¡Cuánto disparate! También pensaba mucho en la primera
impresión que me causó la señora de Miquis cuando la conocí. ¿Por qué
me fué antipática? ¿Por qué la juzgué tan severamente? ¡Ah! Porque en
aquellos días yo era idiota; no me quedaba duda de que era el mayor
majadero del mundo, pues la misma equivocación que padecí con Camila
la tuve con respecto á Eloísa, á quien estimé adornada de mil virtudes
sin adivinar su diabólica pasión por el lujo. ¿Y si después de ganar y
poseer á Camila, me salía con un defecto semejante? Porque equivocado
una vez, equivocado mil y quinientas... No, no: ésta no tenía ninguna
chispa del Infierno dentro de sí, como la otra; ésta era la alegría,
alma del mundo; la rectitud guardada en el vaso de la jovialidad...
Tenía que ser mía en una forma ú otra, y después era indispensable
que el marmolillo reventara ó que se le llevaran los demonios, para
legitimar mi victoria.
Faltábame aún ensayar otro idilio, puesto que el piscatorio y el
campestre no me habían servido de maldita cosa. Les convidé, pues,
á dar un paseo por Bayona y Biarritz. Augusto y su mujer y cuñada
vendrían también. Brindéles con un viajecito hasta Burdeos; pero no
aceptaron. Mi idea era pasarle á Camila por delante de los ojos las
tiendas francesas de novedades, y observar, al menos, qué cara ponía,
y si era su ánimo completamente inaccesible á cierto género de
tentaciones. Cuando íbamos en ferrocarril camino de la frontera, dije
á mi borriquita que se comprara lo que quisiese, un par de abrigos de
invierno, tres sombreros, media docena de corbatas, dos ó tres vestidos
de alta novedad; en fin, que aprovechara la ocasión surtiéndose para
todo el año.
--No me lo digas dos veces --contestaba entre carcajadas--: mira que te
arruino.
¡Ojalá que quisiera arruinarme! Con secreta satisfacción observé que
el aspecto de las tiendas de Bayona la puso seria, que miraba mucho y
con atención profunda, que ella y la mujer de Augusto discutían sobre
lo que veían. A ruego mío entraban en algunas tiendas, pero sin escoger
nada. Augusto hizo algunas compras insignificantes. Yo intenté hacerlas
considerables; pero Camila no quería tomar nada, sino de acuerdo con su
manchego, que á cada paso consultaba el portamonedas y hacía cuentas
tácitas. No pude conseguir que aceptasen nada de lo que les ofrecí.
Para obtener alguna ventaja en este terreno, tuve que hacer un regalo
general, obsequiando á cada uno de los que formaban la partida.
--Pero vamos á ver, tonta, ¿por qué no te compras este abrigo...? Yo te
adelanto el dinero. Ya me lo pagarás cuando puedas. Constantino, ¿no es
verdad?
Constantino decía que nones.
--Y este sombrero... ¿ves qué bonito?
--Vamos, vamos --decía Camila muy seca--. Me carga este pueblo. Esto es
una _farsantería_.
--Al menos --insistía yo--, que acepte tu marido este paraguas, y tú...
No me desaires. Me enfadaré si no aceptas este _pardessus_.
--Quita allá... Voy á parecer una de esas tías... No quiero, no quiero.
Fuimos á Biarritz y almorzamos en el _Hotel de Embajadores_.
Felizmente, Miquis se encontró un amigo que le invitó á jugar una
partida de billar en el Casino. Paseamos en tanto los demás por los
alrededores de la _Villa Eugenia_, por las playas de los Locos, de
los Vascos y por los vericuetos del Puerto Viejo. Augusto y su mujer
y cuñada se entretuvieron hablando con una familia conocida. Solo ya
con Camila, la llevé por los senderos rocosos de La Chinaougue, cerca
del Casino y del Puerto de los Pescadores. ¡Qué gusto verme solo con
ella! Aquel ratito me parecía la gloria. Tuve el tacto de no hablarle
directamente de amor. Observé en ella cierta indolencia, menos alegría
que de ordinario, y una atención particular y compasiva á lo que yo
decía, y á las quejas que exhalé sobre mi suerte y la soledad de mi
vida. De pronto dijo:
--Estoy en ascuas. Ese individuo con quien ha tropezado Constantino es
una mala persona, uno de sus amigotes de Valladolid. Temo que me le
pervierta.
Yo le respondí que no se cuidara de su esposo, que era la persona más
formal del mundo.
--Ese granuja le invitó á echar una mesa, y temo que me le arrastre
al _baccarat_ que hay en el Casino... No creo que mi marido caiga en
la tentación. Bien sabe él que le arrancaría las orejas... Me tiene
miedo, y no es capaz ni de decirme una mentirijilla. ¡Ah! mi asnito
es muy bueno. Y no te creas, cuando se casó conmigo tenía todos los
vicios. Jugaba, bebía aguardiente, se estaba todo el día en el café
diciendo gansadas, hablaba de sus jefes con poco respeto, contaba los
grados que iba á ganar sublevándose, decía mil tontunas, era sucio y
ordinariote. Pues ya ves: poco á poco le he ido quitando todos esos
vicios. No te creas... unas veces con blandura, otras con porrazos. Un
día le hice sangre... porque yo, cuando pego, no reparo... Figúrate que
le mandé apartar un baúl, y se escupió las manos para agarrarlo y hacer
fuerza. ¡Ay, cómo me puse! ¡me volé...!
Ved mi tontería... Estaba yo embelesado oyéndole estos cuentos de su
intimidad doméstica.
--Poquito á poco --prosiguió--. Le he hecho romper con todos sus
amigotes. Les he ido degollando uno á uno... Hoy es un niño, un
angelón, y me quiere más que cuando nos casamos. Si me preguntas que
por qué nos casamos, no te sabré contestar. Nos entró muy fuerte á los
dos. Nos vimos por vez primera una tarde que fuí á merendar de campo
en el Pardo con las de Muñoz y Nones, y al día siguiente, que era
martes, nos hablamos otra vez en el Retiro. El miércoles nos dijimos
cuatro sandeces por el ventanillo de casa; el jueves, miraditas en
la Comedia; el viernes, carta canta... contestación; el sábado nos
volvimos á hablar y juramos morirnos ó casarnos; el domingo quise yo
almorzar fósforos, y el lunes entró Constantino en casa con permiso
de mamá. Nos casamos contra viento y marea. La mamá de él, doña
Piedad, se puso hecha un veneno, y en el Toboso se dijo que yo era una
sinvergüenza, que había tenido que ver con muchos hombres. Llegaron
hasta decir que... á tí te lo contaré en confianza... que yo había
tenido un chiquillo. Ya ves que no me muerdo la lengua. Constantino
me ha contado después todas estas tonterías de pueblo, y nos hemos
reído. Su madre tenía el proyecto de casarle con una paleta rica, y
él dejó todo, palurda y millones, por mí. Ya ves qué mérito tengo.
Después mi suegra se ha querido reconciliar conmigo, y yo le he escrito
varias cartas. Soy yo muy cuca. ¿Sabes lo que dice ahora? Que tiene
ganas de conocerme. Pero yo me estoy dando lustre, y no quiero ir á la
Mancha. Iremos más adelante... Y aquí termina la presente historia.
Nos queremos como Adán y Eva. Le domino y me tiene dominada. No te
creas... si Constantino no hubiera tenido tantos vicios, y no me
hubiese yo calentado tanto los cascos para quitárselos, á estas horas
nos habríamos tirado los platos á la cabeza.
No quise apartarla de aquel tema, en que tan espontáneamente se
explayaba. Los recelos por la tardanza del otro la inquietaron de
nuevo. Por fin le vimos aparecer solo dando zancajos.
--¿Has jugado? --le preguntó ella, impaciente.
--Jugar, ¿á qué?
--Al _baccarat_.
--¿Yo?... tú estás loca. Puedes creer que no.
--Lo creo, lo creo --dijo ella, rebosando de confianza--. No hay
más que hablar. Pero hazme el favor de no volverte á juntar con ese
lipendi. Es un perdido, que no ha tenido una fiera que le dome... Mira,
mira qué bonito te has puesto.
--Si es la tiza, mujer; la tiza que se da á los tacos.
--No estás tú mal taco. En cuanto te separas de mí, ya no hay por dónde
cogerte.
Augusto y su familia se nos reunieron, y nos volvimos á San Sebastián,
ellos contentísimos, yo triste. Pero al día siguiente creí notar en
Camila cierta tendencia á pensar demasiado en los vestidos y adornos
de mujer que había visto. La esposa de Augusto y ella discutían con
desusado calor sobre manteletas, _pardessus_, capotas y faralaes. ¡Si
habría hecho el idilio trapístico más efecto que los otros! Porque yo
la notaba un poco menos alegre, algo más atenta á cosas de vestir. ¿Se
conmovería al fin aquella torre? «Quizás, quizás --pensaba yo--. Al
fin tiene que ser de una manera ó de otra. Tú caerás cuando menos lo
pienses.»

IV
Pero un día resolvieron marcharse, y con mis ruegos no les pude
detener. A Constantino se le acababan los dineros. Dije á mi
querida prima que no se apurase por esto y que mi bolsa estaba á su
disposición; pero ni por esas. «Tú empeñado en arruinarte, y yo en
que has de ser rico. ¡Si al fin tendré que ser tu administradora...!»
Ojalá lo fuera. Me causó maravilla verla hacer sus cuentas al
céntimo y alambicar las cantidades. Unas veces de memoria, otras con
ininteligibles garabatos, presuponía todos sus gastos y se sujetaba á
un plan con toda firmeza. Se había vuelto avariciosa, y no se sabe las
vueltas que daba á un duro antes de cambiarlo. Se fueron ¡ay de mí!
dejándome en espantosa soledad.
De buenas á primeras, encontréme un día con María Juana y su marido,
que después de pasar la temporada en San Juan de Luz, se detenían dos
semanas en San Sebastián antes de la _rentrée_. Dígolo así, porque
noté en la mayor de mis primas cierto prurito de decir las cosas en
francés. Habían estado en Lourdes á cumplir una promesa. Rabiaban por
tener sucesión, lo que Dios no les quería conceder, sin duda por haber
decretado la extinción de _los ordinarios de Medina_ por los siglos de
los siglos.
Contra lo que esperaba, María Juana estuvo obsequiosísima conmigo.
De confianza en confianza, se aventuró á hablarme de Eloísa, á quien
puso cual no digan dueñas. Su conducta la tenía avergonzada. Era
un escándalo. Al menos, cuando tuvo la debilidad de quererme, la
vergüenza se quedaba en la familia. Y lo peor era que no se sabía á
dónde iba á parar su dichosa hermana con aquella vida y su pasión del
lujo. Estaba en la pendiente: ¿dónde se detendría? Hablamos luego de
la Virgen de Lourdes, de lo bien arreglado que está aquello, de lo
conveniente que sería que en España hubiera algo parecido para que no
se fuese el dinero de los devotos á Francia, y para que la piedad y el
negocio marcharan en perfecto acuerdo. Díjome que en Madrid iba á hacer
propaganda para que á la más popular de las Vírgenes se le dedicaran
peregrinaciones y jubileos, á fin de llevar dinero á Zaragoza. Había
patriotismo ó no lo había. Yo me mostré conforme con todo. Volviendo á
Eloísa, dióme pruebas de mayor confianza. Comprendía que una mujer, en
momentos de alucinación, faltase á sus deberes por un hombre como yo,
de buena figura (movimiento de gratitud en mí); pero no comprendía que
hubiera mujer capaz de echarse á pechos (textual) el carcamal asqueroso
del marqués de Fúcar, sólo por estar forrado de oro; un adefesio que
había sido negrero en Cuba y contrabandista por alto en España, y que,
por añadidura, se teñía la barba.
En tanto, Medina estaba afligidísimo. Los sucesos de Badajoz le habían
llegado al alma.
--¡Qué horror! cuando creíamos que ese cáncer de los pronunciamientos
estaba cauterizado... Así es el cáncer. Se le cree cortado y retoña.
El buen señor no hablaba de otra cosa. Su patriotismo sano y leal había
sentido la injuria como un sér delicado que recibe una coz. ¡Y el mulo
que la daba era el ejército, nuestro valiente ejército!
--Dios salve al país --exclamaba Medina con olozaguista concisión,
juntando las manos.
El afán de saber noticias llevábale á él, y á mí también, á los
círculos políticos de San Sebastián, á aquellos famosos ruedos
de habladores, en cuyo centro suele verse un ex-ministro, y cuya
circunferencia está formada de ex-directores y cesantes más ó menos
famélicos. Cansados al fin de círculos, nos marchamos todos á Madrid.
Por el camino, María Juana me manifestó que pensaba organizar su casa
de otro modo; que había hecho algunas compras para renovar el mueblaje,
y que fijaría un día de la semana para quedarse en casa. Esto me
pareció muy bien. De concepto en concepto, llegó hasta indicarme que yo
debía de ser muy desgraciado en mi celibato, y que me convenía casarme.
--Déjalo de mi cuenta --me dijo con cierto entusiasmo--. Yo te buscaré
la novia.
Esto me hizo pensar, pero pensar mucho.
Apenas llegué á Madrid y á mi casa, subí á ver á Camila, á quien
hallé contenta, como siempre. El manchego estaba haciendo café en
la cocinilla rusa, y ella cosiendo en una máquina nueva de Singer,
que había adquirido con parte de los ahorros destinados al caballo.
Esto me recordó mi promesa, que sería cumplida sin pérdida de tiempo.
Constantino elegiría á su gusto.
Dijo mi prima que iba á emprender la grande obra de las camisas. Ya
veríamos quién era Calleja. No quiso aguardar á otro día para tomarme
las medidas, y se puso á ello con entusiasmo, dando tales pases con
la cinta de cuero, que me avispé un tanto. «Pero estas camisas van
á tener más medidas que la catedral de Toledo...» ¡Qué mona estaba
y qué gitana!... ¡Ira de Dios! ¡casarme yo mientras aquella mujer
existiera!... Jamás de los jamases. Loca estaba la que ideó tal cosa.
¡Y que no estuviéramos en los tiempos legendarios para robarla y echar
á correr con ella en brazos, sobre alado caballo que nos llevase á cien
leguas de allí! ¿Por qué, Dios poderoso, se me había antojado aquélla,
y no ninguna otra? Pollas guapísimas, de honradas familias, conocía yo,
que se habrían dado con un canto en los dientes por que las requiriera
de amores; muchachas de mérito que me habrían convenido para casarme,
algunas de mucho talento, otras muy ricas, y, no obstante, ninguna me
gustaba. Había de ser precisamente aquélla, la borriquita que ya estaba
uncida al asno del Toboso. Aquélla, forzosamente aquélla, era la que se
me antojaba para mujer propia y fija, para recibir mis homenajes de
amor en lo que me restara de vida; aquélla nada más, y aquélla había de
ser, pesara á todas las potencias infernales y celestiales.
Cómo llegaría á ser mi querida, no se me alcanzaba; pero ella vendría
al fin. Aunque me hallaba un poco mal de salud, no paraba en casa.
Habíame entrado febril desasosiego y curiosidad por averiguar lo que
hacía Constantino fuera de la suya cuando salía, y si era tan formal
como su mujer pensaba. Porque descubriéndole algún enredo, me alegraría
seguramente. No era mi ánimo delatarle, sino simplemente tomar acta
y fundar en algo mis esperanzas de triunfo. Durante algunas tardes y
noches, le seguí los pasos, hecho un polizonte. ¡Qué papel el mío! Me
habría parecido risible é infame en otras circunstancias; pero tal como
yo estaba, completamente ofuscado y fuera de mí, parecíame la cosa
más natural del mundo. Siguiendo á mi amigo, deseaba ardientemente
verle entrar en donde su entrada me probase su ligereza y el olvido
de aquella fidelidad ejemplar de que Camila hacía tanta gala. Mi
desesperación era grande al ver que mi celosa suspicacia no podía
sorprender ningún acto ni aun indicio en que apoyarse. Alguna vez nos
tropezamos de noche cerca de alguna calle sospechosa. Yo le cogía por
la solapa, y con afectado enojo le decía:
--¡Ah! tunante, tú andas en malos pasos. Tú vienes de picos pardos.
Y él se reía como un bendito bruto. Tan seguro estaba en su conciencia,
que no me contestaba sino con una afirmación rotunda y tranquila.
--¡Parece mentira --insistía yo-- que teniendo una mujer como la que
tienes...! No te la mereces.
Y él se reía, se reía. La honradez pintada en su cara tosca me
declaraba su inocencia; pero yo volvía á la carga:
--Se lo contaré á Camila.
Y él, sin mostrar contrariedad, no decía más que estas breves palabras,
con sencillez grandiosa, que era toda una conciencia sacada á los
labios:
--No te creerá.
Y era verdad que no me creía, pues cuando alguna vez, en la mesa,
aventuraba yo alguna indicación, más bien con carácter de broma, Camila
se reía y bromeaba un poco también, diciendo:
--¿Conque en malos pasos... la otra noche...? Me parece que el que
andaba en malos pasos eras tú.
¡Él la miraba! ¡Qué mirada aquélla de rectitud sublime! Era como la
mirada profundamente leal y honrada de un perrazo de Terranova. Camila
le cogía la cara entre sus dedos flexibles, bonitos, encallecidos por
la costura, y estrujándosela decía:
--Déjate de bobadas, José María. Este animal no quiere á nadie más que
á mí.
Aquella fe ciega que tenían el uno en el otro era lo que me
desesperaba... ¡Que no vinieran los tiempos en que un hombre podía
evocar al Diablo, y previa donación ó hipoteca del alma, celebrar con
él un convenio para obtener las cosas estimadas imposibles! Yo quizás
no hubiera cedido mi alma sino á retroventa, para pagarla después de
algún modo, ó redimirme con oraciones y recobrar la que Shakespeare
llama _eternal joya_... Pero ya no hay diablos que presten estos
servicios; tiene uno que arreglarse como pueda.


XX
Doy cuenta de la agravación de mis males y del remedio que les aplico.
-- Gonzalo Torres.

I
Una mañana... ¡plaf! Raimundo. Caía sobre mí cuando menos le esperaba,
y muy comúnmente cuando menos ganas tenía de oirle. Entró aquel día con
cara risueña y un rollo de papeles en la mano. «Veremos por dónde la
toma hoy --pensé--, aunque bien sé á dónde ha de ir á parar.» Díjome
que estaba muy mejorado de su reblandecimiento; que las palabras se
le salían de la boca fáciles y correctas, sin que la lengua tuviera
que hacer contorsiones, y que se sentía dispuesto, ágil y con el
entendimiento lleno de claridad y hasta de inspiración.
--Hombre, ¡cuánto me alegro! --exclamé echando ojeadas de inquietud
al rollo de papeles--. ¿Y qué traes ahí? ¿Esa es la obra de que me
hablaste? ¿Has hecho algo en Asturias?
--¡Ah! no... aquello fué una tontería... un drama, una idea nueva...
Hice dos ó tres escenas; pero lo abandoné pronto. La cosa no salía.
Después se me ocurrió esta gran obra.
Con sonrisa triunfal mostróme el rollo de papeles, que yo miré como se
puede mirar el cañón de escopeta del cual ha de salir la bala que nos
ha de herir.
--Algún dibujillo --indiqué deseando que acabase pronto, pues tenía que
hacer--. Dispara, dispara de una vez.
Desenvolviendo lentamente el rollo, dijo:
A tí solo te lo enseño, porque no quiero que se divulgue la idea. Me
la podrían robar. Es muy original. Figúrate: esto se llama _Mapa moral
gráfico de España_; va acompañado de una Memoria, y su objeto es...
Cortó la frase para extender el papel sobre una mesa, sujetándolo por
los bordes con objetos de peso. Ví muy bien dibujado el contorno de
nuestra Península, con indicaciones de cordilleras, ríos y ciudades.
Los nombres de éstas se hallaban encerrados dentro de círculos
concéntricos de colores de muy diverso matiz.
--¿Qué demonios es esto?... El mapa está muy bien dibujado.
--Pues esto --afirmó con exaltación de artista-- es una representación
gráfica del estado moral de nuestro país. La intensidad de los
colores indica la intensidad de los vicios, y éstos los he dividido
en cinco grandes categorías: _Inmoralidad matrimonial_, _adulterio_,
_belenes_, color rojo. _Inmoralidad política y administrativa_,
_ilegalidad_, _arbitrariedad_, _cohechos_, color azul. _Inmoralidad
pecuniaria_, _usura_, _disipación_, color amarillo. _Inmoralidad
física_, _embriaguez_, verde. _Inmoralidad religiosa_, _descreimiento_,
violeta... He recogido la mar de datos de Tribunales, otros de la
prensa... Ya ves que ésta es una estadística nueva, cuyos elementos no
se pueden buscar en los archivos: ello es cuestión de perspicacia, de
You have read 1 text from Spanish literature.
Next - Lo prohibido (novela completa) - 20
  • Parts
  • Lo prohibido (novela completa) - 01
    Total number of words is 4837
    Total number of unique words is 1804
    35.7 of words are in the 2000 most common words
    49.7 of words are in the 5000 most common words
    55.4 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 02
    Total number of words is 4786
    Total number of unique words is 1781
    32.4 of words are in the 2000 most common words
    46.6 of words are in the 5000 most common words
    54.2 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 03
    Total number of words is 4808
    Total number of unique words is 1782
    33.1 of words are in the 2000 most common words
    46.5 of words are in the 5000 most common words
    52.5 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 04
    Total number of words is 4801
    Total number of unique words is 1790
    31.9 of words are in the 2000 most common words
    45.6 of words are in the 5000 most common words
    52.8 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 05
    Total number of words is 4819
    Total number of unique words is 1748
    34.4 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    52.4 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 06
    Total number of words is 4796
    Total number of unique words is 1781
    32.4 of words are in the 2000 most common words
    45.7 of words are in the 5000 most common words
    51.2 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 07
    Total number of words is 4866
    Total number of unique words is 1827
    31.6 of words are in the 2000 most common words
    44.1 of words are in the 5000 most common words
    51.8 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 08
    Total number of words is 4762
    Total number of unique words is 1853
    32.7 of words are in the 2000 most common words
    47.8 of words are in the 5000 most common words
    54.6 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 09
    Total number of words is 4794
    Total number of unique words is 1810
    33.6 of words are in the 2000 most common words
    45.8 of words are in the 5000 most common words
    52.0 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 10
    Total number of words is 4872
    Total number of unique words is 1767
    34.0 of words are in the 2000 most common words
    47.7 of words are in the 5000 most common words
    53.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 11
    Total number of words is 4818
    Total number of unique words is 1810
    33.2 of words are in the 2000 most common words
    46.5 of words are in the 5000 most common words
    52.2 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 12
    Total number of words is 4864
    Total number of unique words is 1779
    33.3 of words are in the 2000 most common words
    45.8 of words are in the 5000 most common words
    51.3 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 13
    Total number of words is 4810
    Total number of unique words is 1771
    34.4 of words are in the 2000 most common words
    45.9 of words are in the 5000 most common words
    52.3 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 14
    Total number of words is 4887
    Total number of unique words is 1752
    34.5 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    53.1 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 15
    Total number of words is 4875
    Total number of unique words is 1824
    34.2 of words are in the 2000 most common words
    46.6 of words are in the 5000 most common words
    51.8 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 16
    Total number of words is 5002
    Total number of unique words is 1708
    34.6 of words are in the 2000 most common words
    48.4 of words are in the 5000 most common words
    54.5 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 17
    Total number of words is 4840
    Total number of unique words is 1739
    33.7 of words are in the 2000 most common words
    44.8 of words are in the 5000 most common words
    50.6 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 18
    Total number of words is 4810
    Total number of unique words is 1813
    32.0 of words are in the 2000 most common words
    45.3 of words are in the 5000 most common words
    51.6 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 19
    Total number of words is 4820
    Total number of unique words is 1772
    32.0 of words are in the 2000 most common words
    46.2 of words are in the 5000 most common words
    53.1 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 20
    Total number of words is 4879
    Total number of unique words is 1787
    33.4 of words are in the 2000 most common words
    44.8 of words are in the 5000 most common words
    51.1 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 21
    Total number of words is 4873
    Total number of unique words is 1799
    35.9 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    53.0 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 22
    Total number of words is 4879
    Total number of unique words is 1696
    34.1 of words are in the 2000 most common words
    45.9 of words are in the 5000 most common words
    51.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 23
    Total number of words is 4845
    Total number of unique words is 1713
    33.8 of words are in the 2000 most common words
    46.4 of words are in the 5000 most common words
    53.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 24
    Total number of words is 4860
    Total number of unique words is 1670
    31.3 of words are in the 2000 most common words
    44.9 of words are in the 5000 most common words
    51.2 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 25
    Total number of words is 4862
    Total number of unique words is 1681
    34.9 of words are in the 2000 most common words
    46.4 of words are in the 5000 most common words
    52.9 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 26
    Total number of words is 4930
    Total number of unique words is 1774
    33.4 of words are in the 2000 most common words
    48.3 of words are in the 5000 most common words
    53.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 27
    Total number of words is 5017
    Total number of unique words is 1741
    34.1 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    53.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 28
    Total number of words is 4991
    Total number of unique words is 1665
    35.1 of words are in the 2000 most common words
    48.3 of words are in the 5000 most common words
    54.1 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 29
    Total number of words is 4913
    Total number of unique words is 1777
    32.9 of words are in the 2000 most common words
    45.8 of words are in the 5000 most common words
    52.4 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 30
    Total number of words is 4862
    Total number of unique words is 1737
    35.7 of words are in the 2000 most common words
    46.6 of words are in the 5000 most common words
    52.5 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 31
    Total number of words is 4935
    Total number of unique words is 1717
    34.7 of words are in the 2000 most common words
    47.1 of words are in the 5000 most common words
    52.6 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 32
    Total number of words is 4970
    Total number of unique words is 1668
    35.0 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    53.0 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 33
    Total number of words is 3006
    Total number of unique words is 1217
    38.5 of words are in the 2000 most common words
    49.6 of words are in the 5000 most common words
    56.4 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.