Lo prohibido (novela completa) - 17

Total number of words is 4840
Total number of unique words is 1739
33.7 of words are in the 2000 most common words
44.8 of words are in the 5000 most common words
50.6 of words are in the 8000 most common words
Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
--¡Patrona! --gritó el muy bruto en seguida, sentándose frente á mí--.
Háganos café... al momento: venga la maquinilla. Y tráigase usted la
botella de ron de Jamáica.
--No me da la gana --fué la réplica de ella.
--¿Cómo es eso?
--No se hace ahora café. No saco el ron... Aquí no se fomentan vicios.
--Si es en obsequio al primo de la patrona...
--No hay obsequio que valga. Si quiere mi primo emborracharse, que se
vaya á la taberna.
--¡Patrona, el ron! --repetí yo.
--No me da la real gana. Noramala todos. A la calle, á la calle. Y
desocuparme prontito la mesa, que la necesito para cortar.
--Bueno, mujer, no te enfades --gruñó Miquis, desocupando la mesa--: lo
tomaremos en el café.
--Lo tomará él si quiere --declaró Camila con autoridad--. ¡Usted,
señor mío, aquí!
--Vaya, ¿tampoco me dejas salir?
--Tampoco. Este José María es un perdido, y quiere pervertirte.
--Es que vamos á la sala de armas.
--Aquí, y chitito callando.
--¿Ha visto usted qué tarasca?
--A callar. Quítese usted al momento la levita... y los pantalones
nuevos... Así me rompes la ropa, condenado. Eso, eso: restriega los
coditos sobre la mesa.
--Pero, vamos á ver, ¿tengo yo que hacer algo en casa? --preguntó él,
mirando embobado á su mujer.
--Pues nadita que digamos... Escribir á tu mamá. Ahora que la tenemos
como un confite, ¿vamos á enojarla por no escribirle? Desde el domingo
te estoy diciendo: «Escribe, hombre; escribe á tu mamá...»
--Bueno: ¿y qué más?
--Ayudarme á cortar.
--Yo ¿qué sé de cortes?
--Y hacer de maniquí para probar los cuellos y pecheras.
--¡Yo maniquí! Pero, señora, ¿usted qué se ha llegado á figurar?
--Y clavarme clavos en el pasillo para colgar la ropa.
--¿Y yo qué tengo que hacer? --le pregunté á mi vez.
--Usted, señor tísico, lo que tiene que hacer es plantarse ahora mismo
en la calle. Aquí no nos sirve más que de estorbo. ¿No le hemos llenado
ya la tripa?
--Dí que me has abrasado vivo. ¡Vaya un modo de despedir á los amigos!
No, hija: lo que es los clavos te los he de clavar yo, mientras
Constantino escribe á su mamá. Es que me opongo á que nadie más que yo
ponga clavos en mi finca.
--¡A ponerse la ropa vieja! --gritó Camila á su marido--, y tú...
--Los clavos, hija, los clavos. Déjame...
--Bueno, consiento. Trabajando se quitan las malas ideas.
Y me trajo un martillo y unas puntas de París tomadas, torcidas y
roñosas.
--Pero, hija, lo primero que tengo que hacer es enderezar esto.
--Enderézalos con los dientes.
Y me puse á trabajar con fe, haciendo yunque de la barandilla de hierro
del balcón. No pasaban diez minutos sin que Constantino y yo fuéramos á
consultar con la patrona.
--¿Y qué le digo de nuestro viaje á la Mancha? --preguntaba él, ya
vestido con los trapitos más usados que tenía.
--¡Qué burro! Pues que sí; á todo se le dice siempre que sí.
--Camililla de mis entretelas, la mayor parte de estos clavos no tienen
punta.
--Pues sácasela como puedas... No me vengas con cuentos. A trabajar.
Aquí no se quieren vagos. Después me vas á poner argollas á esos marcos
que están por el suelo.
--Bueno, bueno. También las argollas.
--Y callarse la boca. Cada uno á su obligación.
Era aquello una comedia.
--Constantino, ¿ya has escrito? Trae la carta. Quiero leerla. De fijo
has puesto algún disparate. Hay que mirar mucho lo que se dice á esa
gente de pueblo, que es muy desconfiada. Y tú, ¿qué haces ahí como un
papamoscas?
--Esperando á que me digas dónde van los clavos.
--¡Ay, qué hombre! Tengo que discurrir por todos... No hay aquí más
talento que el mío. ¿Pero dónde han de ir?... Ven acá, mastuerzo...
Y me señaló los puntos donde se debían poner las cuerdas; y empecé á
golpear con tanta furia, que se podía creer que deseaba derribar mi
casa y hacerla polvo.
--¿Y yo, qué hago ahora?
--Ea, ya están los clavos. ¿Y ahora...?
--Pues entre los dos... Dí, bandido, ¿te has puesto los pantalones
viejos?... ¡Ah! sí. Pues entre los dos me vais á apartar esta cómoda
para buscar unas tijeras que deben haberse caído por detrás... Después,
Constantino, á sacar la máquina, limpiarla, engrasarla, ponerle las
canillas... Y el tísico que se prepare á fijar las argollas... ¡Ea!
mover esas manazas y esas patazas. Adelante con la cómoda.
Y todo lo que nos mandaba lo hacíamos gozosos, riendo y bromeando, y me
pasé allí la tarde, encantado, embelesado, respirando á todo pulmón el
delicioso ambiente de aquel Paraíso terrestre y casero, en el cual yo
quería hacer el papel de culebra.


XVIII
De los diferentes procedimientos usados por los madrileños para salir á
veranear.

I
Estaba yo en la firme creencia de que Eloísa se presentaría en mi
casa á pedirme perdón y á buscar las paces conmigo. Sin mi ayuda, su
ruina era inmediata. Pero no acerté por aquella vez. Pasaban días, y
la viuda no iba á verme. Dos ó tres veces, en la calle, la ví pasar en
su carruaje, y su mirada dulce y amistosa me decía que no sólo no me
guardaba rencor, sino que deseaba una reconciliación. Pero yo quería
evitarla á todo trance, impulsado por dos fuerzas igualmente poderosas:
el hastío de ella, y el temor de que acabara de arruinarme. Huía de
todos los sitios donde pudiera encontrarla, pues si me venía con
lagrimitas era muy de temer que la delicadeza y la compasión torciesen
mi firme propósito.
Ya se acercaba el verano, y yo tenía curiosidad de ver cómo se las
arreglaba Eloísa para hacer aquel año su excursión de costumbre; pues
de una manera ú otra, empeñando sus muebles ó vendiendo sus alhajas,
ella no se había de quedar en Madrid. Lo que entonces pasó causóme
viva pena, sin que la pudiera calmar apelando á mi razón. Súpelo por
un amigo oficioso, el que designé antes por el _Saca-mantecas_, por
no decir su verdadero nombre. Aquel condenado fué á verme una mañana,
y se convidó á almorzar conmigo so pretexto de hablarme de un asunto
que tenía en Fomento, aguardando la resolución del Ministro. Pero
su verdadero objeto era llevarme un cuento, un cuento horrible que
adiviné desde las primeras reticencias con que lo anunció. Tenía aquel
hombre el entusiasmo de la difamación, y, sin embargo, lo que me iba
á decir era, no sólo verosímil, sino verdadero, y las palabras del
infame arrojaban de cada sílaba destellos de verdad. En mi conciencia
estaban las pruebas auténticas de aquella delación, y yo no tenía que
hacer esfuerzo alguno para admitirla como el Evangelio. No se valió el
_Saca-mantecas_ de parábolas, sino que de buenas á primeras me dijo:
--Mucho dinero tiene Fúcar, querido; pero como se descuide, se quedará
por puertas... En buenas manos ha caído... Supongo que estará usted al
tanto de lo que pasa, y que esta observación no es un trabucazo á boca
de jarro.
--Enterado, enterado... --dije con no sé qué niebla parda delante de
mis ojos.
Yo no había oído nada, no lo _sabía_, en el rigor de la palabra;
pero lo sospechaba: tenía de ello un presagio muy vivo, equivalente
en mi espíritu á la certidumbre del suceso. Entróme entonces fuerte
curiosidad de saber más, y fingiendo estar enterado de lo esencial,
hice por sacarle más concretos informes.
--Esto no lo sabemos todavía en Madrid más que los íntimos, usted,
yo, dos ó tres más --añadió--; pero cundirá pronto, cundirá. Hasta
ayer tenía yo mis dudas. Lo sospechaba por ciertos síntomas. Como no
me gusta que me escarben dentro las dudas, me fuí á ver á Fúcar... Yo
soy así: me agrada beber en los manantiales. Encaréme con él y le puse
los puntos sobre las _íes_. «A ver, don Pedro, ¿es cierto esto?» Él
se echó á reir, y me dijo que como las cosas caen del lado á que se
inclinan... En fin, que hay tales carneros. No crea usted: Fúcar, en
su depravación, es hombre muy práctico. Me dijo que no piensa hacer
locuras más que hasta cierto punto; que gastará con su cuenta y razón;
en una palabra, que va muy prevenido, por conocer las mañas de la
prójima.
Irritóme que aquel tipo hablara de Eloísa con tanta desconsideración.
Sospechando por un instante que la calumniaba, pensé poner correctivo
á la calumnia; pero algo clamaba dentro de mí apoyando el aserto, y
me callé. Era verdad, era verdad. La tremenda lógica de la fragilidad
humana lo escribía en letras de fuego en mi cerebro. Lo que me causaba
extrañeza era sentirme contrariado, lastimado, herido por la noticia.
¿Qué me importaba á mí la conducta de aquella _prójima_, si yo no la
quería ya...? No sé si era despecho, ó injuria del amor propio, lo
que yo sentía; pero fuera lo que fuese, me mortificaba bastante. Al
propio tiempo, me dolía ver en el camino de la degradación á la que me
fué tan cara, y alguna parte debieron tener también en mi pena los
remordimientos por haberla puesto yo en semejante sendero.
Pero disimulé y supe afectar indiferencia ó el interés superficial que
es propio, entre caballeros, de las relaciones mujeriles entabladas
por la tarde, á la mañana rotas. Creo que me reí, que declaré no tener
con ella ya ningún trato; y el maldito _Saca-mantecas_ se entusiasmó
tanto con esto hacia la mitad próximamente del almuerzo, que dijo
más, mucho más... Su lengua era como el hierro afilado de un cepillo
de carpintero, y pasando por sobre mí me sacaba virutas de carne del
corazón.
--Es monísima, pero no se harta nunca de dinero. Como usted no va
allá por las noches, no sabe que ha puesto mesas de monte. La otra
noche decía con terror: «Si José María viera esto, me pegaría.» Los
tresillistas le teníamos un miedo de mil demonios. Pregúntele usted á
Cícero y á Carlos Chapa. Es de las que dicen: «Cobra y no pagues, que
somos mortales...»
¡Qué trabajo me costó disimular mi rabia! Pero con cabezadas, ya que no
con palabras, daba yo á entender que todo lo sabía, que todo aquello
era historia vieja.
--Es monísima --volvió á decir el _Saca-mantecas_ echando una ojeada á
las paredes por ver si hallaba un espejo en que mirarse...-- pero ¡ay
del que caiga en sus garras!... Cuando está tronada, se queja mucho de
tener la pluma en la garganta. Sí, querido, sí: en ciertas mujeres esos
estados nerviosos no son más que anemia de bolsillo... Al principio
me pareció que la consabida no era como todas. Pero sí, querido, sí:
es como todas. Gracias que lo tomamos con calma, y nos quedamos tan
frescos cuando un Fúcar nos desbanca.
El miserable, en su vanidad ridícula, quería presentarse también como
víctima. Se preciaba de haber recibido favores de Eloísa; pero esto era
una falsedad, de que yo no tenía, no podía tener duda alguna. Aquélla
era la ocasión de haberle soltado cuatro frescas; pero si lo hubiera
hecho, habría entregado la carta y denunciado mi despecho. Preferí
contenerme con violentísimos esfuerzos, y dejarme cepillar, cepillar.
--No he conocido mujer de más imaginación --prosiguió-- para discurrir
modos de gastar. Ella es persona de gusto, eso sí, querido, sí... pero
con nada se conforma. La otra noche le alabamos su casa, ¡y nos puso
una carita de ascos!... Se lamentó de no tener más que porquerías;
de que todos sus muebles, sus porcelanas y bronces son industriales;
de que se encuentran idénticos en todas las tiendas y en las casas
de Fulano y Zutano; de que no posee cosas de verdadero mérito ni de
verdadero _chic_. «Este lujo, _al alcance de todas las fortunas_ --nos
dijo--, me carga; esto de que no pueda usted tener nada que no tengan
los demás, me aburre. A veces me dan ganas de coger un palo y empezar
á romper cacharros...» Le ponderamos sus cuadros modernos... ¡Pero si
se cansa de todo!... Tiene la pretensión de vender estos lienzos para
comprar Velázquez y Rembrandts. Hipa por lo grande esta prójima. Cuando
se pone triste, dice: «Aquí no hay más que pobretería, imitación.» En
fin, que quiere más, más todavía. Siempre que se habla de casas, para
ella no hay más que la de Fernán-Núñez. Es su ilusión. Asegura que se
pone mala cuando la ve, y que sueña con tener aquella estufa, el Otelo,
las latanias plantadas en el suelo, la escalera de nogal, la galería,
los cuadros y tapices, la montura de Almanzor y la _Flora_ de Casado.
Patrañas, querido. Estas mujeres son el diablo con nervios. A nosotros
no nos cogen ya, ¿verdad? Somos perros viejos. ¡Qué Madrid éste! Todo
es una figuración. Vaya usted entre bastidores si quiere ver cosas
buenas. La mayoría de las casas en que dan fiestas están devoradas
por los prestamistas. En otras no se come más que el día en que hay
convidados. Los cocineros son los que hacen su agosto. Un detalle que
sé por M. Petit: el cocinero de Eloísa, en el tiempo de los célebres
jueves, sacó más de seis mil duros. Se ha establecido. Ha tomado la
fonda de los baños de Guetaria. ¡Así prospera la industria! En cambio,
cuando usted implantó las economías en casa de Carrillo, los criados se
marcharon porque no les daban de comer.
--Eso sí que es falso --dije, sin poderme contener--. ¡Hambre! eso no
lo ha habido allí nunca.
--Perdone usted, querido --replicó muy serio--: me lo ha contado
Quiquina.
--¿Esa italiana...?
--Una mujer deliciosa... Cuando la despidió Eloísa, se fué con la
Peri... ¿Sabe usted quién es la Peri? Esa que Pepito Trastamara recogió
en Eslava. Mujer hermosísima, pero muy animal. Trastamara la llevó á
París para desasnarla; pero ¡quiá! Siempre tan cerril. Dice que le
gustan los _merecotones_ en vino. Dice también que su padre murió de
una _heroísma_. Come con los dedos, y hace mil groserías. Pero Pepito
y sus amigotes están muy entusiasmados con ella, y sostienen que es
la primera _medio-mundana_ que hemos tenido. Se precian ellos de la
incubación del tipo. La verdad es que son unos pobres mamarrachos. Yo
me divierto con ellos. Pues bien: Quiquina se refugió en casa de la
Peri. Allí nos ha contado intimidades de Eloísa... No, no ponga usted
cara feroz; no ha sido nada de infidelidades. Cosas de los apurillos
de la señora, de sus trazas para procurarse dinero. A Quiquina le hizo
sacar del Monte sus ahorros, y aún no se los ha devuelto. Nos hablaba
también del pobre Carrillo, ¡que le quería á usted tanto!; de las
carantoñas que le hacía su mujer, con otros mil detalles graciosos.
Yo no podía aguantar más. Aquello colmaba el vaso. Las confidencias
del _Saca-mantecas_ me revolvían de tal modo el estómago, que poco
me faltaba para vomitar el almuerzo. Supliquéle que variara de
conversación, y él se echó á reir. Empecé á encolerizarme; se me subió
la mostaza á la nariz... Por fortuna entró Jacinto María Villalonga,
y se volvió la hoja. Los tres debíamos ir juntos al Ministerio de
Fomento, y tomamos café á prisa.

II
Y en la Trinidad, ocupándome de lo que no me importaba, no podía
apartar de mi mente las virutas que me había sacado aquel cepillador,
las cuales subían enroscándose desde mi corazón á mi cerebro. Lo que
íbamos á solicitar era que el Ministerio le comprara al _Saca-mantecas_
unos papeles ó pergaminos viejos que, al decir de un informe académico,
interesaban grandemente á la historia patria. Con estos auxilios
oficiales trampeaba mi amigo. Tiempo hacía que chupaba del Estado en
una ú otra forma, ya so color de comisiones en el extranjero, para
estudiar cualquier cosa de que él entendía tanto como de afeitar ranas,
ya con el aquél de las excavaciones arqueológicas que se hacían en una
finca suya, allá por donde Cristo dió las tres voces.
El Ministro nos recibió á los tres con toda la cordialidad de su
temperamento andaluz y maleante. Era un hombre de palabras flamencas y
de pensamientos elevados, iniciador de más osadía que perseverancia.
Aquel día estaba de buenas. Después de ponerse á nuestras órdenes,
añadiendo que nos daría el copón si se lo pedíamos, llevóme aparte y me
dijo mil perrerías. Yo era un acá y un allá. Cuando se desvergonzaba en
broma, me parecía un gran talento que necesita abonarse constantemente,
con palabras estercolosas, todas las materias de lenguaje en
descomposición que manchan, apestan y fecundan. Por fin, en términos
comedidos, me reprendió amistosamente por mi apatía política. Yo no me
cuidaba de nada; no hacía caso de las quejas de mis electores, y éstos
tenían que valerse de otros diputados para impetrar el favor oficial.
Yo era, en suma, un padrastro de la patria. Contestéle que dejaría
gustoso un cargo que me aburría soberanamente. Insistí mucho en esto
de mi fastidio político; pero durante aquella misma conversación, en
que intervino también Villalonga, se posesionó de mí una idea. Quizás
me convenía variar de conducta, mirar á la política con ojos más
amantes, pues con ayuda de este útil instrumento, podía ir reparando
mi agrietada fortuna. Salí de la Trinidad, dejando al _Saca-mantecas_
con Villalonga en la habilitación. Deseaba averiguar á todo trance por
qué capítulo cobraría, y cuándo le daban el libramiento, pues le hacía
mucha falta.
Lo mismo fué verme solo en la calle, que volver á pensar en Eloísa.
Las virutas se enroscaban más... No sé si aquella mujer me inspiraba
compasión tan sólo, ó un sentimiento de despecho y envidia, que
podría considerarse como reincidencia de la antigua pasión. Lo que me
había dicho el _Saca-mantecas_ me hería en lo vivo, y ansiaba tener
la evidencia de ello. Al instante me acordé de Evaristo, mi criado
antiguo, aquel perro fiel que yo había colocado en casa de Carrillo.
Hícele venir á mi casa, y me contó cosas que me sacaron los colores
á la cara. Tuve que mandarle callar. Cuando me quedé solo, estaba
nerviosísimo, me zumbaban horriblemente los oídos. Pasé una noche muy
aburrida, porque Camila y su esposo fueron al teatro, y no tuve con
quién entretener la velada. Me cansaba el teatro, me fastidiaba la
sociedad. «Mañana --pensé--, ó voy á casa de esa... á decirle cuatro
cosas, ó reviento.» No tenía derecho á pedirle cuentas de su conducta;
pero se las pedía porque sí, porque me daba la gana, porque aquel Fúcar
se me había atragantado, y eso de que bebiera en la copa que yo bebí me
sacaba de quicio. Mi egoísmo había de resollar por alguna parte para
que no estallara dentro. «La voy á poner buena --pensaba--. ¡Venderse
por dinero! Es una ignominia en la familia que no debo consentir.»
Fuí por la tarde. Estaba furioso, deseando llegar para desahogar mi
ira. ¿Qué cara pondría delante de mí? ¿Se disculparía?... Quedéme frío
al entrar, cuando advertí cierta soledad en la casa. El mismo Evaristo
fué quien me dijo:
--La señora ha salido para Francia en el expreso de las cinco de la
tarde.
¡Ah, miserable! Huía de mí, de mi severa corrección, de la voz que le
iba á ajustar las cuentas por su liviandad y por haber pisoteado el
honor de la familia. ¡Qué vergüenza!... ¡y yo qué necio!
A la tarde siguiente bajé á la estación á despedir á la familia de
Severiano Rodríguez, y me encontré á Fúcar que se acomodaba en un
departamento del _sleeping-car_.
--Hola, traviatito --me dijo abrazándome--. ¿Manda usted algo para
París?
--Que usted se divierta --le respondí, afectando, no sólo serenidad,
sino contento hasta donde me fué posible.
Algo más hablé, dándole á entender que no me inspiraba envidia, sino
compasión, y nos despedimos hasta la vuelta.
--Yo no pienso salir de España --añadí--. No quiero hacer gastos.
Necesito tapar ciertas brechas y reedificar ciertas ruinas...
Y como él se riera, concluí con esto:
--Los convalecientes compadecemos á los enfermos... Adiós, adiós...
Deje usted mandado... Divertirse.

III
Cuando Camila me dijo: «nosotros no tenemos dinero para veranear y
nos quedamos en Madrid», sentí una gran aflicción. ¿De qué trazas
me valdría para costearles el viaje y llevármeles conmigo? Dije
sencillamente á mi prima:
--Tú no has estado nunca en París: ¿quieres ir á dar un vistazo?
Pero se escandalizó de mi proposición echándome mil injurias graciosas.
Yo estaba dispuesto á pagarles el viaje á San Sebastián ó á donde
quisieran, y con más gusto lo habría hecho llevándomela á ella sola;
pero como no había medio de separarla del antipático apéndice de su
maridillo, les invité á los dos.
--Gracias --me dijo Constantino--. Si mi mamá Piedad me manda lo que me
ha prometido, nos iremos unos días á San Sebastián ó á Santander en el
tren de recreo.
--¡En el tren de recreo! ¿Pero estáis locos?
--Sí: en el tren de botijos --afirmó Camila batiendo palmas--. Así nos
divertiremos más. ¿Qué importa la molestia? Tenemos salud. La mujer de
Augusto vendrá también.
--¡Qué cosas se os ocurren! Iréis como sardinas en banasta. Eres una
cursi...
--Dí que somos pobres.
--Vaya... Me han ofrecido habitaciones en una magnífica casa en San
Sebastián. Viviremos todos juntos en ella. Id en el tren que queráis,
aunque sea en un tren de mercancías.
Yo me regocijaba secretamente con la perspectiva de aquel viaje. «Allí
caerás --pensé--; no tienes más remedio que caer.»
A la noche siguiente, el tontín de Constantino entró diciendo que irían
á Pozuelo, lo que desconcertó mis planes. Marido y mujer discutieron, y
yo combatí el proyecto con calor y hasta con elocuencia. Por fin apelé
á las aficiones taurómacas de Miquis, hablándole de las corridas de
San Sebastián. ¡Ya vería él qué toros, qué animación! Vaciló, cayó al
fin en la red. Quedó, pues, concertado el viaje; pero ellos no podían
ir hasta Agosto, y yo, muerto de impaciencia, agobiado por los calores
de Madrid, tuve que estarme en la villa todo el mes de Junio, viendo
defraudados cada día mis ardientes anhelos. Aquella dichosa mujer era
una enviada de Satanás para martirizarme y conducirme á la perdición.
Como el badulaque de Constantino seguía de reemplazo, casi nunca salía
de la casa. Las pocas veces que encontraba sola á Camila, convertíase
para mí en una verdadera ortiga: no se dejaba tocar, suspiraba por su
marido ausente y acababa de helarme hablándome de aquel Belisario que
no venía, que no quería venir, que se empeñaba en seguir en la mente de
Dios.
--Si no vas á tener más chiquillos... --decíale yo--; y da gracias á
Dios para que no se perpetúe la raza de ese animal manchego.
Al oir esto me pegaba con lo que quiera que tuviese en la mano. Y no se
crea... pegaba fuerte: tenía la mano pronta y dura. Me hizo un cardenal
en la muñeca que me dolió muchos días.
--Si sigues haciéndome el amor --me chilló una tarde--, le canto todo
al manchego para que te sacuda. Puede más que tú.
--Sí, ya sé que es un peón. Pero ven acá, ¿cómo es posible que le
quieras tanto? ¿Qué hallas en él que te enamore?
--¡Qué risa!... que es mi marido, que me quiere... Y tú no vienes más
que á divertirte conmigo y á hacer de mí una mujer mala.
Y no había medio de sacarla de este orden de argumentos. «¡Que me
quiere, que es mi marido!»
Un día, que la encontré sola, llegóse á mí con cierta oficiosidad, y
dándome un billete de quinientas pesetas, me dijo:
--Ahí tienes lo que me prestaste. Puede que ya no te acuerdes.
--En efecto, ya no me acordaba. Chica, no me avergüences... Guarda esa
porquería de billete, y perdonada la deuda. Por algo somos primos.
--No, no quiero tu dinero. He pasado mil apuritos para reunirlo, y ahí
lo tienes. Antes te lo pensaba dar; pero tuve que renovar el abono de
la barrera de Constantino... ¡Pobrecito mío! ¡Cuánto he penado porque
no se prive de la diversión que más le gusta! Para esto he tenido que
dejar de comprarme algunas cosillas que me hacían falta, y no comer
postre en muchos días. Me habrás oído decir que no tenía gana. Ganitas
no me faltaban. Pero es preciso economizar. ¡Economizar! ¡Qué cosa
más cargante! Discurre por aquí, discurre por allá; aquí pongo, aquí
quito... Créete que me hacía cosquillas el cerebro... Pero todo se
aprende con voluntad... Conque ahí tienes tus cuartos, y gracias.
--Que no lo tomo. Quita allá.
--Te echaré de mi casa.
--No me marcharé... Mira, ya me devolverás los dos mil reales cuando
estés más desahogada. Debes suponer que no me hacen falta.
--Eso, ¿á mí qué?...
¡Pobrecilla! Toda mi terquedad fué inútil. Tan pesada se puso, que no
tuve más remedio que tomar el dinero, temeroso de que se enojara de
veras.
--Bien --le dije--, guardo el billete; pero lo guardo para tí. Soy tu
caja de ahorros. Esto y todo lo que necesites está á tu disposición.
No tienes más que abrir esa bocaza y... enseñarme esos dientazos tan
feos... Todo lo que poseo es para tí, para tí sola, gitana negra, loba.
Lo dije con tanto ardor alargando mis manos hacia ella, que me tuvo
miedo y de un salto se puso al otro lado de la mesa.
--Si no te callas, tísico pasado --gritó--, te tiro este plato á la
cabeza. Mira que te lo tiro...
--Tíralo y descalábrame --le contesté fuera de mí--; pero descalabrado
y chorreando sangre te diré que te idolatro; que todo lo que poseo es
para tí, para esa bocaza, para la lumbre que tienes en esos ojos; todo
para tí, fiera con más alma que Dios.
Sus carcajadas me desconcertaron. Se reía de mi entusiasmo poniéndolo
en solfa y apabullándome con estas palabras:
--Sí, para tí estaba. ¿Ves esta bocaza? No beberás en este jarro. ¿Ves
estos faroles? (los ojos). Otro se encandila con ellos. Emborráchate tú
con las tías de las calles, perdido. ¿Ves este cuerpecito? Es para que
nazcan de él los hijos que voy á tener, para agasajarlos, para darles
de mamar. ¡Y rabia, rabia, rabia... y púdrete y requémate!
Constantino entró. Su aborrecida cara me trajo á la realidad. Le habría
dado de palos hasta matarle. Pero en mis secretos berrinches, decía
siempre para mí con invariable constancia: «Caerá, caerá; no tiene más
remedio que caer.»
Otro día les hallé retozando con libertad enteramente pastoril. Ella,
que tenía calor hasta en invierno, estaba vestida á la griega. Él
andaba por allí con babuchas turcas, en mangas de camisa, alegre,
respirando salud. Ambos se me representaban como la misma inocencia.
Parecía aquello la Edad de Oro, ó las sociedades primitivas. Camila se
bañaba una ó dos veces al día. Era fanática por el agua fresca, y salía
del baño más ágil, más colorada, más hermosa y gitana. Él no era tan
aficionado á las abluciones; pero su mujer, unas veces con suavidad,
otras con rigor, le inculcaba sus preceptos higiénicos, asimilándole al
modo de ser de ella. ¡Una mañana presencié la escena más graciosa!...
Me reí de veras. Mi prima, vestida como una ninfa, daba á su marido
una lección de hidroterapia. Desnudo de medio cuerpo arriba, mostrando
aquella potente musculatura de gladiador, estaba Miquis de rodillas,
inclinado delante de una gran bañera de latón. Su actitud era la del
reo que se inclina ante el tajo en que le han de cortar la cabeza. El
verdugo era ella, toda remangada, con la falda cogida y sujeta entre
las piernas para mojarse lo menos posible. El hacha que esgrimía era
una regadera. Pero había que oirles. Ella: «restriégate, cochino;
frótate bien; toma el jabón.» Él: «socorro, que me mata esta perra;
que me hielo; que se me sube la sangre á la cabeza.» Ella: «lo que
se te sube es la mugre; ráspate bien, hasta que te despellejes.
Grandísimo gorrino, lávate bien las orejas, que parecen... no sé qué.»
Y no teniendo paciencia para aguardar á que él lo hiciese, soltaba la
regadera, y con sus flexibles dedos le lavaba el pabellón auricular con
tanta fuerza como si estuviera lavando una cosa muerta. «Que me duele,
mujer...» «Lo que duele es la porquería», respondía ella pegándole un
sopapo. Parecía meterle los dedos hasta el cerebro.
Después le frotaba con jabón la cabeza, la cara, el pescuezo, y
él, apretando los párpados cubiertos de jabón, gritaba como los
chiquillos: «¡No más, no más!...» En seguida volvía Camila á tomar
la regadera y á dejar caer la lluvia, y él á pedir socorro y á echar
ternos y maldiciones. El agua invadía toda la habitación. Se formaban
lagos y ríos que venían corriendo en busca de los pies de los que
presenciábamos la escena (mi tía Pilar y yo). Era preciso andar á
saltos.
--Hija --dijo mi tía--, vas á inundar el piso y á pudrir las maderas.
Mira qué cara pone éste, porque le estropeas su casa.
You have read 1 text from Spanish literature.
Next - Lo prohibido (novela completa) - 18
  • Parts
  • Lo prohibido (novela completa) - 01
    Total number of words is 4837
    Total number of unique words is 1804
    35.7 of words are in the 2000 most common words
    49.7 of words are in the 5000 most common words
    55.4 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 02
    Total number of words is 4786
    Total number of unique words is 1781
    32.4 of words are in the 2000 most common words
    46.6 of words are in the 5000 most common words
    54.2 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 03
    Total number of words is 4808
    Total number of unique words is 1782
    33.1 of words are in the 2000 most common words
    46.5 of words are in the 5000 most common words
    52.5 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 04
    Total number of words is 4801
    Total number of unique words is 1790
    31.9 of words are in the 2000 most common words
    45.6 of words are in the 5000 most common words
    52.8 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 05
    Total number of words is 4819
    Total number of unique words is 1748
    34.4 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    52.4 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 06
    Total number of words is 4796
    Total number of unique words is 1781
    32.4 of words are in the 2000 most common words
    45.7 of words are in the 5000 most common words
    51.2 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 07
    Total number of words is 4866
    Total number of unique words is 1827
    31.6 of words are in the 2000 most common words
    44.1 of words are in the 5000 most common words
    51.8 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 08
    Total number of words is 4762
    Total number of unique words is 1853
    32.7 of words are in the 2000 most common words
    47.8 of words are in the 5000 most common words
    54.6 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 09
    Total number of words is 4794
    Total number of unique words is 1810
    33.6 of words are in the 2000 most common words
    45.8 of words are in the 5000 most common words
    52.0 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 10
    Total number of words is 4872
    Total number of unique words is 1767
    34.0 of words are in the 2000 most common words
    47.7 of words are in the 5000 most common words
    53.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 11
    Total number of words is 4818
    Total number of unique words is 1810
    33.2 of words are in the 2000 most common words
    46.5 of words are in the 5000 most common words
    52.2 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 12
    Total number of words is 4864
    Total number of unique words is 1779
    33.3 of words are in the 2000 most common words
    45.8 of words are in the 5000 most common words
    51.3 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 13
    Total number of words is 4810
    Total number of unique words is 1771
    34.4 of words are in the 2000 most common words
    45.9 of words are in the 5000 most common words
    52.3 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 14
    Total number of words is 4887
    Total number of unique words is 1752
    34.5 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    53.1 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 15
    Total number of words is 4875
    Total number of unique words is 1824
    34.2 of words are in the 2000 most common words
    46.6 of words are in the 5000 most common words
    51.8 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 16
    Total number of words is 5002
    Total number of unique words is 1708
    34.6 of words are in the 2000 most common words
    48.4 of words are in the 5000 most common words
    54.5 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 17
    Total number of words is 4840
    Total number of unique words is 1739
    33.7 of words are in the 2000 most common words
    44.8 of words are in the 5000 most common words
    50.6 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 18
    Total number of words is 4810
    Total number of unique words is 1813
    32.0 of words are in the 2000 most common words
    45.3 of words are in the 5000 most common words
    51.6 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 19
    Total number of words is 4820
    Total number of unique words is 1772
    32.0 of words are in the 2000 most common words
    46.2 of words are in the 5000 most common words
    53.1 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 20
    Total number of words is 4879
    Total number of unique words is 1787
    33.4 of words are in the 2000 most common words
    44.8 of words are in the 5000 most common words
    51.1 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 21
    Total number of words is 4873
    Total number of unique words is 1799
    35.9 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    53.0 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 22
    Total number of words is 4879
    Total number of unique words is 1696
    34.1 of words are in the 2000 most common words
    45.9 of words are in the 5000 most common words
    51.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 23
    Total number of words is 4845
    Total number of unique words is 1713
    33.8 of words are in the 2000 most common words
    46.4 of words are in the 5000 most common words
    53.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 24
    Total number of words is 4860
    Total number of unique words is 1670
    31.3 of words are in the 2000 most common words
    44.9 of words are in the 5000 most common words
    51.2 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 25
    Total number of words is 4862
    Total number of unique words is 1681
    34.9 of words are in the 2000 most common words
    46.4 of words are in the 5000 most common words
    52.9 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 26
    Total number of words is 4930
    Total number of unique words is 1774
    33.4 of words are in the 2000 most common words
    48.3 of words are in the 5000 most common words
    53.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 27
    Total number of words is 5017
    Total number of unique words is 1741
    34.1 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    53.7 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 28
    Total number of words is 4991
    Total number of unique words is 1665
    35.1 of words are in the 2000 most common words
    48.3 of words are in the 5000 most common words
    54.1 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 29
    Total number of words is 4913
    Total number of unique words is 1777
    32.9 of words are in the 2000 most common words
    45.8 of words are in the 5000 most common words
    52.4 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 30
    Total number of words is 4862
    Total number of unique words is 1737
    35.7 of words are in the 2000 most common words
    46.6 of words are in the 5000 most common words
    52.5 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 31
    Total number of words is 4935
    Total number of unique words is 1717
    34.7 of words are in the 2000 most common words
    47.1 of words are in the 5000 most common words
    52.6 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 32
    Total number of words is 4970
    Total number of unique words is 1668
    35.0 of words are in the 2000 most common words
    46.9 of words are in the 5000 most common words
    53.0 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.
  • Lo prohibido (novela completa) - 33
    Total number of words is 3006
    Total number of unique words is 1217
    38.5 of words are in the 2000 most common words
    49.6 of words are in the 5000 most common words
    56.4 of words are in the 8000 most common words
    Each bar represents the percentage of words per 1000 most common words.